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sábado, 21 de enero de 2017

Dios, si acaso existe, no creo que sea tan pequeño…

Dios, si acaso existe, no creo que sea tan pequeño…

Yo, con una simple frase que los deja sin nada que decir, definitiva y afortunadamente me “curé” de tener que soportar la argumentación de los religiosos, desde la elemental de los testigos de Jehová hasta la “avanzadísima” sabiduría papal o pastoral, o de los cristianos que han recibido al hijo del Señor en sus almas, y no ven cómo metérnoslo a los demás así sea por la nariz.
No me ha tocado y espero que nunca me toque porque me parecería muy aburrido, pero sé que la frase funcionaría incluso con eminencias como el papa Francisco, o cualquiera de los más sabios teólogos católicos o apócrifos cristianos, como Cash Luna, Dante Gebel, Andrés Corson, Darío Silva, o hasta con la Piraquive, o los “humildes” pastores de garaje, o cualquiera de los multimillonarios gracias a su labia sobre un tema del que no saben nada, pero manejan tan hábilmente que con eso dominan a muchos que saben menos y por eso les creen.
Esto ocurre así: cuando cualquier persona me propone el tema, a partir de cualquiera de los mil ángulos o facetas y todos sus auxiliares, desde las escrituras, pasando por los íconos y fetiches, los santos, los testimonios vivos, o hasta la música pop, rock, ranchera o balada cristiana, me la empiezo a quitar de encima diciéndole simplemente que no estoy interesado en el tema, pero esto casi nunca es suficiente porque viene la inevitable pregunta formulada con una expresión de lástima y comprensión: ¿cómo así, no te interesa Dios? Entonces me toca responder diciendo: “sí, pero es que…”, y ahí le suelto la frase lapidaria, la sentencia que acaba de raíz con la conversación.  La frase dice:
 “Yo no hablo de Dios, sino con Dios”.
 Ahí si acaso siguen un par de balbuceos desorientados queriendo de alguna manera insistir, pero yo me mantengo firme; lo más que me ha tocado hacer, es repetir la frase de una forma un poco más enfática y mirando a los ojos con cara de “¿qué parte de, yo no hablo de Dios sino con Dios, no entendió?”, y ahí se acaba el tema.
¿Por qué el tema se acaba ahí? Porque alguien con una simple frase les ha hecho caer en la cuenta de que el ser capaz de haber creado todo y manejarlo todo, si es que existe y se le da la gana, no necesita papas ni sacerdotes ni pastores ni biblias ni ovejas ni nada, para hacerse entender. No pueden negar eso porque estarían negando la omnipotencia del objeto de su “fe”, o mejor, pondrían en duda la funcionalidad de su producto comercial o mercancía .
¿Qué quiere decir eso? Pues que ese Dios que tiene que valerse de representantes humanos para que lo expliquen, que necesita de unas escrituras que hablen de Él y de fieles ovejas que, incluso acudiendo a la violencia, extiendan esa palabra divina, es tan pequeño que no es capaz de hacerlo por sí mismo. Es tan débil que tiene que amenazar con castigos a la gente para que lo respete. Está tan devaluado que tiene que recurrir al mísero dinero para pagarle en diezmos a los prohombres que le hacen el favor de mantenerlo vivo. Es tan egoísta que tiene a sus fieles convencidos de que todo lo que no hagan encomendándoselo a Él, les va a Salir mal; por eso la superstición de que si no dicen para todo “si Dios quiere”, o “gracias a Dios”, les saldrá mal.
¿Será que es así?  Yo diría que no…De verdad yo creo que si Dios existe, tiene que ser algo mucho más grande que eso… Algo capaz de producir las materias y las energías contenidas en este y en los demás millones de universos que no conocemos, no puede ser algo que ande preocupado por como fulanita usa su vagina, o zutanito su corrupción, o atendiendo la gripa del la niña o el cáncer del abuelo, mucho menos ayudando a un futbolista a meter un gol y, ni siquiera, controlando inundaciones, derrumbes o catástrofes, porque esos son eventos propios de los ciclos naturales que, según eso, habrían sido creados por Él. Creo que todas esas cosas deberíamos manejarlas aquí, entre nosotros, no entregárselas a un ser invisible que cabe en un libro, que en 3.000 años, si acaso existe y es responsable de todo, lo que ha demostrado es que no ha podido manejar a la humanidad, impidiendo que esté en camino de destruirse a sí misma y destruir al planeta, y mucho menos confiar en los humanos que dicen representarle.
Por eso el título de esta nota, y es que Dios, si es que de alguna manera existe, debe ser algo mucho más grande que el de los religiosos y sus creyentes.
Creo que si alguien se interesa en encontrarlo no lo va a lograr en unos libros que se empezaron a escribir hace 3.000 años, que se resumieron en las biblias y similares hace 1.600 años, que fueron escritos por y para gente que no sabía que la tierra era redonda, y que los religiosos se esfuerzan por ir poniendo al día sin lograrlo, porque las escrituras siempre han ido atrás de la humanidad y lo único que han logrado es atrasarla.
Por fortuna para quienes están naciendo y los que vienen, la era de las religiones está finalizando luego de un fracaso que estuvo a punto de acabar con la humanidad que, gracias a ella misma, ahora reacciona volviendo los ojos hacia el cuidado de la tierra, el agua y el aire, es decir, hacia lo elemental y verdadero.
Por último dejo mi definición de religión:
“La religión es una enfermedad de transmisión genética y contagiosa por contaminación ambiental, que ataca únicamente al ser humano. Las personas afectadas pierden sus defensas mentales naturales al ser reemplazadas por agentes mitoadictivos que, estimulados por los autodenominados representantes de una voluntad fantástica que se nutre de la sumisión y la superstición, cambian la capacidad de raciocinio por una dependencia mórbida que obliga a renunciar al dominio de la propia existencia”.
De verdad, yo creo que si Dios existe, no es un quién, sino un algo más grande que eso…

Gustavo Corredor Ortiz

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